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Malas costumbres argentinas.

Por Rodolfo Gutierrez.

Se viven tiempos de efervescencia política, se debate de manera permanente, en todas las plataformas. Las diferencias ideológicas están presentes en los foros más diversos. Eso es una gran noticia, la posibilidad de plantear libremente las opiniones de cada uno. El desafío está planteado en tiempos de grietas en intercambiar opiniones sin cerrarse en sus propias creencias.

Comenzaron a surgir algunos lugares comunes entre los partidarios de cada lado. Entonces aparece la primera mala palabra, es decir utilizada como agresión, buscando desmerecer: Planeros. Así se los desprecia a aquellos que reciben mensualmente una suma de dinero por parte del estado. En realidad se refiere a lo que el estado invierte en planes sociales de diferente naturaleza y de acuerdo a lo que le endilga el antiperonismo al gobierno actual con una frase que resume su idea : “mantienen vagos con mis impuestos”, y una peor: “tienen hijos para cobrar planes” y algunas otras frases despectivas. Lo tragicómico de la cuestión, es que quienes señalan de planeros al gobierno actual, en sus cuatro años de gobierno, aumentaron considerablemente la cantidad de intervención a través de subsidios desde el Ministerio de Desarrollo Social conducido por Carolina Stanley, una cheta con muy buena relación con las organizaciones sociales tan estigmatizadas por el sector de clase media acomodada, o gorilas, en la jerga justicialista.

Es sabido que el peronismo como tal, es definido como un movimiento, lo que hace muy difícil definir sus características, pero básicamente se puede afirmar que tiene una gran ascendencia en los sectores populares, que en general han sabido seducir en las mayoría de las elecciones desde la aparición del PJ. Es innegable su capacidad para sostener su existencia en lo que ellos definen como el pueblo. Como también es notable el poco talento para que la gente de menores recursos pueda acceder a mejores niveles de vida, esto es paradójico porque es el sector que más apoya al peronismo históricamente.

En los últimos tiempos sólo pudo imponerse el radicalismo en 1983, liderados por Alfonsín, en 1999 Fernando de la Rúa al frente de la Alianza y en 2015 Mauricio Macri logró vencer al candidato kirchnerista Daniel Scioli. Está claro que ninguno de estos tres intentos fue exitoso si se lo mide en resultados visibles. Algunos fallaron totalmente en lo económico, otros en el manejo del poder y en no cumplir con las promesas electorales, incluso provocando endeudamientos extraordinarios que dejaron al país en una situación de un default virtual, inminente. El último experimento político no peronista, surgió como alternativa a un kirchnerismo que llevaba doce años en el poder. Apeló al marketing de manera casi religiosa, en sus formas. Camisas pastel, pocas corbatas, sonrisas forzadas y blanqueadas,adelgazamientos y bigotes afeitados en muchos de sus referentes. Con toda la intención de mostrarse como la No Política, usaron sus nombres de pilas sistemáticamente, con la intención de parecer un equipo – palabra que se repitió como un mantra-, que trabajaba para la gente. La estética discursiva macrista comenzó a emular a los mitines políticos de Estados Unidos, en fin, bailecitos, globos y una forzada devoción por Gilda.

Cada uno repartirá el peso de las culpas a cada gobierno que hemos tenido en los últimos 40 años de acuerdo a sus ideas propias, pero lo que es innegable es que han fracasado, han llevado a un país con innumerables recursos, tanto económicos como naturales y humanos a una decadencia y degradación que se ha vuelto indisimulable. El desafío es ver si en algún momento somos capaces de salir de los prejuicios, de las mezquindades y chicanas y pensar en reformas que generen cambios estructurales que quizás muchos no lleguemos a ver. Me falta poco para comenzar a decir una frase que se la he escuchado a gente mayor, ” yo ya no lo voy a ver”, en referencia a un país ordenado, justo y en crecimiento constante. A veces cuando pienso en que algún día sucederá eso y me siento muy naif, un soñador, alguien que cree en utopías. Cada día me esfuerzo en creer que así será. Depende de nosotros. ¿O no?

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