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Mi diario de cuarenterna

Por Analía Verónica Marconetto

Sábado 27 de junio, año 2020.

  • Cumple de mi primo Sergio
  • Día del Boludo (una efeméride argentina supongo)
  • Reunión MEET
  • Cocinar, lavar, planchar, leer, planificar, escribir…

Parece un diario tétrico como el que escribiera Ana Frank en su encierro letárgico y gris, que sólo ella logró atenuar con esperanzas de nuevos cielos celestes, esos que no podía ver, esos que le fueron negados implacablemente y que al fin y al cabo alimentaron sus fantasías hechas palabras (pero sabemos tuvieron un triste, muy triste fin).

La intertextualidad de referencia es realmente muy distante de mi diario, porque en principio no soy Ana Frank (soy Ana, pero no Frank). Tampoco soy Ana a decir verdad, es un hipocorístico adquirido, bueno a quién le importa. Es un diario, un anecdotario si se quiere.

He leído situaciones desopilantes en las redes, oído noticias de lo más enternecedoras, otras muy macabras, algunas que hubiese preferido no ver jamásnunca y otras que me producen un repudio tan fantástico a tal punto de replantearme si todo esto es verdad…

Me dije, tal cuestión amerita una carta, una esquela, algunas palabras dedicadas a esas docentes que no saben sumar ni multiplicar, que se muestran frente a una camarita y que lo mínimo que deberían hacer es ver qué van a publicar a la hora de poner la cara frente a otros (en este caso, alumnos). Otros sujetos de derechos (como yo, que tiramos por la borda toda su trayectoria con ver las barbaridades que dicen y con tanta liviandad) y que en vez de aprender se confunden con esa cháchara inútil que la descalifica ampliamente, sin margen de dudas, sin intervenciones, sin perdón. No hay necesidad de aclarar que con esa exposición no debería dictar clases particulares de la materia exacta por excelencia.

Objetivamente haré unas preguntas que no la salvan del bochorno, pero me aclarará unas cuantas dudas: ¿usted vive sola? ¿nadie escuchó su planteo ridículo antes de salir al aire? ¿nunca dudó de la sumatoria 10 + 7? ¿sabe que la respuesta no es 80? ¿sabe que la respuesta es 17? ¿usted es docente realmente?

Ante estas preguntas básicas y oportunas no sé si culparme de ser una mala persona, de parecer abrupta en mis observaciones, no sé si confesarme como docente…es decir, no sé.

Usted tampoco sabía, así que estamos a mano.

Me paro en la vereda de enfrente, desde donde no sólo la mira la familia sino que

mucho peor, está ese pibe, esa piba que atentamente se disponen para oír su precaria e insultante clase de matemática. Ultraja usted la capacidad de lógica de una persona doña, de ese sujeto de derecho que es el alumno, de esa subjetividad que como yo, no le perdona rápidamente el error de sumar 10 + 7 y decir que es 80. No, de ninguna manera.

Tal vez haya lectores un poco menos acometedores que yo, altamente serenos e incluso tomen como hilarante esto que apareció en las redes. No es mi caso. Créame que no es algo en contra suyo, es tristemente contra los procesos que llevaron a que usted haya cometido semejante imperdonable error.

Es por eso que debería hacerse una agenda señora docente, que antes de abrir la boca haya hecho esa sumatoria en papel, haya pensado bien qué quería exponer, incluso la salvaba el hecho de volver sobre sus pasos y ¡corregirse! Eso no pasó.

Lo que sí sucede es que ahora una ciudadana como Ana Hipocorísitica del montón, no puede dejar pasar el hecho ocurrido como algo festivo.

Este atropello a la razón como dice la letra del Cambalache no puede continuar. No debe.

Si estamos tratando de sacar el peso del error para tomarlo como constructivo, sugiero que todos los bloopers que hasta ahora visualicé en redes y canales de televisión hagan sus propias autoevaluaciones dando respuestas acertadas.

Que se corrija no es malo, lo malo es no reconocer que algunas cosas tienen que cambiar. De lo contrario asumo como consecuencia que:

Será insalvable la escuela argentina.

Será insalvable la escuela pública, gratuita y laica como quería Sarmiento.

Será insalvable la nueva escuela inclusiva como queremos todos.

Analía Verónica Marconetto

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