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¿Neoliberalismo en cuarentena?

Por Claudio Dalessandro – Periodista – Licenciando en Ciencia Política

Un famoso eslogan de la ex primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher manifestaba que “no hay alternativa”, haciendo referencia a que el mejor y único modo posible para la organización de las sociedades modernas era el liberalismo económico, el libre comercio y la desregulación del mercado. También, y en relación a ello, podemos asociar a Frederic Jameson, un crítico y teórico literario estadounidense de ideología marxista que había proclamado que “era más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, citado en Fisher (2017), un sistema que con la caída del comunismo y la del estado de bienestar, se ha ido afianzando en un “maridaje” junto a la democracia y al neoliberalismo. 

     El nuevo neoliberalismo, como lo menciona  Davies (2016), en sus tres fases tuvieron algunas semejanzas entre ellas, y la última, el “neoliberalismo punitivo” que según el autor comenzó en 2008 pero que aún sigue en vigencia nos despierta algunos interrogantes en este contexto de la pandemia de Covid-19 que queremos desentrañar de alguna forma, intentando detectar si a pesar de que el virus evidenció en varios aspectos el fracaso de las políticas neoliberales, este sistema sigue latente y agazapado  o  deberá reconstruirse, reformatearse  dejando lugar a otras formas de democracia con un mayor protagonismo y presencia de los Estados nacionales.

     Si bien el mundo padeció diversas crisis globales y pandemias, la del Covid-19, con su carácter global viene a cuestionar y poner en crisis el “sentido común neoliberal”, especialmente porque las decisiones y medidas que los Estados tienen que tomar para morigerar sus efectos deben establecer otras prioridades, y “subordinar” las pretensiones del mercado, como por ejemplo priorizar la salud a la economía. Este camino de hecho nacido de la necesidad de preservarnos como especie, cuestiona el “consenso hegemónico” que se construyó en torno a los dogmas neoliberales, estos se “politizan”, entran en un conflicto de intereses y definen nuevos-viejos campos políticos. De todos modos, con ello solamente no bastaría para afirmar que el neoliberalismo está cercano a su fase final o ya sea parte del pasado, estamos muy lejos de eso, pero la pandemia ha abierto fisuras en el consenso neoliberal, que desde fines de los años 70 se fortificaba. Esas grietas refuerzan los sentidos contra hegemónicos y permiten desarrollar la “guerra de posiciones” gramscianas con mejores expectativas de éxito o por mejor decirlo, abandonando la búsqueda de la hegemonía en el sentido ético de Gramsci.

     Los acontecimientos de las dos guerras mundiales y la gran depresión económica de los años treinta en el medio, afectó las economías de la mayoría de los países del mundo, conjuntamente con el proceso de industrialización que se estaba desarrollando en esa época y así el capitalismo tuvo que corregir su rumbo en la ideología y en el pensamiento de Adam Smith (1776) en “La riqueza de las naciones”, cuando pensaba que el Estado no tenía que participar en la economía de los pueblos, sino guiarse por las leyes del mercado en un contexto de amplia libertad reguladas por la oferta y la demanda. Además agregaba que si en ese contexto emergieran algunos desequilibrios, una mano invisible (variables), a corto plazo, corregiría los desfasajes del libre mercado. Pero la crisis se profundizó luego de la Primera Guerra Mundial y se produjo un desfasaje entre la producción y el consumo ya que había una sobreproducción por el progreso industrial y la ausencia de compradores y esto produjo un sobre stock, cierres de fábricas y aumento del desempleo. 

     Luego Keynes (1936), en su obra “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”, en una época marcada por la Gran Depresión, propuso entre otras cosas una teoría general basada en que el nivel de empleo no está determinado por el precio del trabajo como en la economía clásica, sino por el nivel de la demanda agregada; que los Estados deberían tener mayor participación en la economía, sugiriendo que si el Estado invertía en la construcción de edificios, autopistas o universidades por ejemplo, favorecería al pleno empleo, la gente tendría ingresos por vía de salarios y con ellos podría consumir los productos que otros asalariados producían en las fábricas, o sea un capitalismo distinto en donde el sujeto trabaje menos horas y que en las horas libres, tiempo de ocio, se convierta en consumidor de productos materiales y también consumidor de servicios, conceptos que se conocieron más tarde como “la sociedad de consumo”. El Estado de bienestar entonces comenzó una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y culminó en la década del setenta, con grandes logros, principalmente en la defensa del fortalecimiento de las organizaciones gremiales que dieron lugar a la obtención de derechos a los trabajadores y también en materia social en donde los Estados otorgaron asistencia sanitaria y en forma de subsidios a ex combatientes una vez finalizada la guerra. Pero en la década del setenta el Estado de bienestar comenzó a mostrar algunas dificultades, en parte porque algunos gobiernos no respetaron las condiciones que Keynes establecía para que el sistema funcionara y también porque el endeudamiento de los Estados afectaba impositivamente al sector más rico de la población, los empresarios, las élites, y es allí donde comienzan nuevamente las ideas del neoliberalismo  que propone retomar el concepto de que el Estado no debe participar en la economía, debe solamente proteger la seguridad nacional y garantizar la libertad y el libre comercio. Esas ideas tuvieron cada vez más adhesiones y dejaron atrás la concepción del Estado benefactor para dar lugar al individualismo y la competitividad

     Davis (2016) señala que si hoy vivimos bajo el neoliberalismo, la forma de manifestarse es distinta de aquel neoliberalismo que asumió el poder a finales de la década del setenta y comienzos de la del ochenta y distinto también al que predominaba a partir de los noventa que precedió a 2008 luego de un extenso apogeo. Por ello daría la impresión que el neoliberalismo habría entrado en una etapa poshegemónica en donde los sistemas y las rutinas sobreviven aunque ya no como antes y desprovistos de autoridad normativa o democrática.

     El capitalismo en la era fordista, en la cual Aldous Huxley en su obra Un mundo feliz, utilizaba la palabra Ford para reemplazar a Dios, era una fantasía que prometía a los individuos a tener y disfrutar una vida, incluso hasta a los más marginados, ese “sueño americano” esa promesa-esperanza, se convirtió en solo medio siglo en algo parecido a una angustiosa pesadilla para muchos. Como afirma Butler (2017), “seguimos aquí, seguimos insistiendo, exigiendo más justicia, pidiendo que se nos libere de la precariedad, que se nos brinde la posibilidad de una vida vivible”. Pero Butler al referirse a las manifestaciones multitudinarias, resaltaba que éstas no son solamente una forma de expresar el repudio de la sociedad a la pobreza impuesta en términos sociales y económicos, sino que representan más que ello, la autora en esas manifestaciones logra ver el “ejercicio performativo” de su derecho de aparición, una demanda corporeizada de una vida más vivible y señala que aunque la noción de responsabilidad se reinterpretó desde la perspectiva neoliberal de maneras más exentas de discusión, sigue siendo un componente decisivo en la crítica a la creciente desigualdad. 

     Todos y cada uno de nosotros puede percibir y concebir alguna solución equitativa para los problemas y dificultades que sufrimos cotidianamente, como los relacionados a la sanidad, la educación pública, la seguridad, la vivienda, el empleo y la alimentación básica, por ejemplo, y de allí se deduce que todos podríamos especificar las injusticias observadas en la comunidad y presentarlas como un conjunto de peticiones específicas, aunque seguramente el reclamo de justicia esté presente en cada una de esas peticiones y que a la vez vaya imperiosamente más allá de ella, pero como asegura Butler, en la moralidad neoliberal solamente somos responsables de nosotros mismos y no de los demás y esa responsabilidad reside antes que nada en la autosuficiencia económica en condiciones en que la emancipación quedó socavada en términos estructurales. El sistema así considera descartables a los que no son autosuficientes, a los que no pueden pagarse su atención sanitaria y entonces se va estirando la brecha entre los ricos y los pobres que han perdido las esperanzas y se encuentran vulnerables y desprotegidos por gobiernos ávidos e inescrupulosos. 

         David Harvey, autor de “Breve historia del neoliberalismo” en 2007, citado por Fisher (2007), define a la neoliberación como un proyecto político para restablecer las condiciones de la acumulación de capital y restaurar el poder de las élites económicas, demostrando que <<en una era sindicada pospolítica, la lucha de clases se sigue peleando aunque de un lado solo: del lado de los ricos>> para luego demostrar numéricamente, luego de la implementación de las políticas neoliberales a finales de la década de los setenta, cómo cada vez más se ha ido estirando la brecha entre los perceptores de las rentas más altas, los directivos y los trabajadores en países como Francia, Estados Unidos y el Reino Unido. Pero ese proyecto político, como lo describe Harvey y que tuvo dos fases en pasado y una aún latente, la “punitiva” según Davies, sigue vigente en gran parte del mundo de la mano del capitalismo y cuando pareciera estar en retirada por propios fracasos, se reconvierte y reaparece con otros conceptos, con otras puniciones pero siempre apuntando a los mismos objetivos que señalaba anteriormente Harvey, el de restablecer y acrecentar el poder y la acumulación de capital de los más poderosos, de las élites.

     ¿Qué vendrá después de la pandemia de Covid -19? 

     ¿Habrá un nuevo orden mundial?

     ¿Será el final del neoliberalismo como algunos predicen o el capitalismo seguirá aún con más vigor?

     El filósofo esloveno, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural, Slavoj Zizek, afirma que el virus le asestó un golpe mortal al capitalismo evocando un oscuro comunismo, bajo la idea de un “comunismo reinventado” e incluso considera que hasta que el mismo virus podría hacer caer al régimen chino, pero a esta tesis de Zizek no tardó en responder el filósofo surcoreano Byung-Chul, que la refutó afirmando que luego de la pandemia, China podrá exhibir la superioridad de su sistema,  podrá vender su Estado policial digital como un modelo exitoso contra la pandemia, los turistas seguirán pisoteando el planeta  y además el capitalismo continuará aún más empoderado.

     ¿Dónde se encontrará la verdad? ¿Estará en el medio tal vez?

     Por lo pronto las dos teorías asustan un poco, al menos para países como Argentina, en donde el comunismo nunca fue aceptado y los sistemas capitalistas neoliberales y sus políticas han sido la principal causa de crisis sociales, económicas y llevaron a la mayoría de la población a niveles extremos de pobreza.

     Pero si bien es muy difícil predecir el futuro, un futuro que aún no sabemos cuándo llegará porque la pandemia del Covid-19 aún está entre nosotros y será una amenaza hasta que la ciencia médica no disponga de la vacuna para su prevención, se pudo observar en casi todo el mundo el reclamo de la sociedad pidiendo una mayor intervención del Estado, único en grado de poder controlar los servicios de salud, de vivienda, transporte y seguridad social, entre otros. 

     Retomando a Butler, la autora norteamericana sostiene que “la misma racionalidad del mercado se opone a la atención pública y garantizada”, porque entre la libertad personal y la salud pública, prevalece la primera. En pos de la libertad personal se desatiende la salud pública porque no hay regulaciones en un sistema, como el de los Estados Unidos, que no tiene un seguro médico garantizado para sus ciudadanos, por ello el riesgo de muerte aunque se enarbole la bandera de la “libertad personal”, será mayor para los más vulnerables, los ancianos, los pobres, los encarcelados y las minorías raciales. La libertad personal será solamente un eslogan para las muertes causada por la pandemia, que puso al descubierto en el país del norte las desigualdades y la precarización de casi 30 millones de personas que no tienen ninguna cobertura sanitaria y otros 27 millones una cobertura muy reducida.

     En otros países en donde la asistencia sanitaria es pública, fueron los modelos de gobierno neoliberales quienes se encargaron de desmantelarlos, y dejó al descubierto la retórica del ajuste fiscal; remitiéndonos a Davis (2016), el poder soberano siempre tuvo una lógica circular, y era ejercido para demostrar que puede ejercerse. Pero ahora en el  neoliberalismo, “esa soberanía se encuentra en esferas técnicas y tecnocráticas: políticas, castigos, recortes y cálculos están siendo repetidos sin más, porque esa es la única condición de su realidad”. 

     Pero el capitalismo neoliberal, que fue un intento a nivel global de romper con los compromisos sociales  del fordismo atlántico de posguerra, o el que señala Davies (2016) que data de la década de 1920, y con el argumento planteado por Mises de que “no puede haber una explicación científica de la necesidad humana, sino solo de la preferencia del consumidor”, arrastra una crisis en todos sus niveles, desde las reformas laborales sistemáticas aplicadas o propuestas en varios países, las políticas proteccionistas de los grandes jugadores del mercado mundial, Estados Unidos y China, la desregulación de la legislación y una transferencia de poder al mercado, la privatización y trasnacionalización de empresas con el argumento de la eficacia y la eficiencia, entre otras medidas, no han hecho más que achicar al Estado reduciendo sus recursos humanos y recursos naturales, desarmando al sector asalariado y a sus pequeñas y medianas empresas que atadas a legislaciones nacionales deben competir con empresas multinacionales es disparidad de condiciones principalmente en países de América Latina por el limitado acceso a fuentes crediticias financieras y a tecnologías de avanzada.

      El neoliberalismo punitivo de la última fase que señala Davies (2016), no hubiese podido existir como tal de no haber sido por las dos fases anteriores; principalmente por la conexión con el de la anterior fase, el neoliberalismo normativo que provocó un gran endeudamiento que convirtió una condición necesaria para aumentar el castigo (la punición) y una sensación de autorrecriminación y aceptación por parte de los ciudadanos. En esta nueva fase a partir de 2008 las técnicas de poder del neoliberalismo no han cambiado, sino solamente su aplicación práctica y por el traspaso de deuda del sector privado bancario al sector público, pudieron justificar la “austeridad” operando así con valores de castigo fuertemente moralizado, un castigo que produce la sensación que es merecido por la población por haber obtenido crecimiento económico a fuerza de crédito. Esa dependencia económica señalada también por Lazzarato (1999), “la deuda constituye una nueva técnica de poder”, cuando se refiere al endeudamiento con el que conviven millones de estudiantes universitarios norteamericanos. La deuda que no sólo hipoteca sus ingresos económicos sino que también lo hace con su comportamiento y con sus libertades porque sólo el deudor es el único responsable del crédito y se siente culpable de haberlo tomado hasta tanto no lo pueda saldar. También como afirma Deleuze (1991), cuando se refiere a las sociedades de control aseverando que: “el hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado”.

     Vivimos en un sistema capitalista, desde el comunismo chino con la economía capitalista más exitosa del planeta, pero también en donde el capitalismo neoliberal puso al desnudo una vez más sus equivocadas políticas económicas y sociales, políticas de control y dominación a través de la deuda y el empobrecimiento de los más vulnerables. Seguramente como en las anteriores ocasiones de sus más elocuentes fracasos, apuntarán a los individuos como únicos responsables de ello, pero la ciudanía no debería bajar los brazos y especialmente en países que se han librado de ese modelo de gobierno como es el caso de Argentina, porque los neoliberales usarán la crisis para tomar más poder y debilitar los contrapesos del poder legislativo y judicial. Habrá un enorme beneficio económico para muchas empresas multinacionales, con la excusa de los contagios habrá empresas privadas que se beneficiaran con la obtención y la intervención en la privacidad de las personas y además podrían modificar aún más las formas de empleo haciendo cada vez más prescindible la mano de obra, y estas empresas, fueron, son y serán siempre partidarias del neoliberalismo. En este sentido, como afirmaba Neil Smith, el neoliberalismo «está muerto pero sigue siendo dominante» citado en Davies (2016).

      Tal vez ésta sea una ventana de oportunidad para que emerjan  y se afiancen distintas concepciones de modelos políticos, modelos en donde el Estado  pueda intervenir más sobre la economía con el consenso de la sociedad civil y sobre todo un Estado que deberá redefinir sus prioridades y en donde la sociedad deba plantearse en qué mundo y de qué forma, parafraseando a Butler (2017), vivir una vida vivible.

BIBLIOGRAFÍA

Butler, Judith (2017). “Políticas de género y derechos a aparecer” y “vulnerabilidad del cuerpo y la política de coaliciones”, en Cuerpos Aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea. Buenos Aires: Paidós, pp. 31-70 y 125-156.

Davies, William (2016). “El nuevo neoliberalismo”, en New Left Review, Nº 101, nov-dic, pp.129-143.

Deleuze, Gilles (1991). “Posdata sobre las sociedades de control”, en Ferrer, Christian (Comp.) El lenguaje literario, Tº 2, Ed. Nordan, Montevideo.

Fisher, Mark (2017). Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?. Buenos Aires: Caja Negra, pp. 21- 60.

Lazzarato, Maurizio (2015). “La universidad norteamericana, modelo de la sociedad de la deuda”, en Gobernar a través de la deuda. Tecnologías de poder del capitalismo neoliberal. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 60-91.

http://pdfhumanidades.com/sites/default/files/apuntes/194-Smith%2C%20Adam%20-%20La%20riqueza%20de%20las%20naciones%20%28Alianza%29%20818%20pag%20IMPRIMIR%20EN%20AHORRO.pdf
https://www.redalyc.org/pdf/601/60123307002.pdf
https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html
https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/se-viene-fin-del-capitalismo-y-surge-solidaridad-global

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